2:30 pm

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Todo es nuevo. El olor, la fisionomía de las personas, las letras, los señalamientos. Todo. Entrar al país es sencillo (en comparación a Estados Unidos o Perú), solam hay que seguir las indicaciones de los hombres y mujeres en tapabocas que balbucean gruñidos y hacen señas claras con los brazos. También checan que las formas migratorias estén llenas. Primer problema. Durante el vuelo repartieron dichas formas, no encontré mi pluma negra y se me hizo fácil llenarlas con pluma verde. Ofensa. Retrocague. Me hicieron saber que no era permitido y me sacaron de la fila para volver a llenarlas, con pluma negra, digna de una oficina de aduanas. Lo sé, my bad.

Después de cruzar migración empieza lo divertido. Comprar chip de celular, cambiar a moneda local, canjear pase de tren y probar suerte con la comida en un 7Eleven. Nada mal. Sándwich de Katsudon (pollo frito), como Lonchibón pero más exótico.

De ahí a tomar el tren. La verdad es que las instrucciones para todo sob bastante claras y tooooodo tiene dibujitos.

El tren bala padre, aunque no se siente que vaya así como que bala, pero bastante cómodo y, después como de 27 horas de viaje (incluido tiempo en aeropuertos), llegué a Kyoto.

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