10:00 am

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Descansado y renovado, salí a lo último que tenía pendiente en Hiroshima, visitar el museo del bombardeo en Agosto de 1945. Uno cuando repasa el tema en la escuela y hablan de lo catastrófico que fue, nunca dimensiona las cosas. Al menos no yo. En mi mente, las bombas caen y luego explotan, cierto? Pues no la A-Bomb, o no sé las demás. La bomba primero explotó (a 600m sobre el suelo) y devastó todo a su paso. Todo. El museo es muy humilde (como todo en Japón), extremadamente silencioso, nadie hace ruido ni al caminar, es muy gráfico, y hace que se ponga la piel chinita en cada sala. Brutal. Al final, se camina por un gran ventanal que da hacia la explanada en donde está el Memorial, después un pebetero con una flama eternamente prendida y al final, a lo lejos, el domo del edificio destrozado que guardan de recuerdo, todo perfectamente alineado. Muy al estilo del memorial de Lincoln, la explanada y el obelisco en Washington, solamente que mucho más bonito (a mi parecer).

Algo bien interesante en el museo es un "reloj de la paz", que básicamente Cué ya los días transcurridos desde el uso de la bomba atómica sobre la población, que ya lleva mucho tiempo (que así siga), y otro pequeño con un contador de días desde la última prueba nuclear, con muy pocos días, ¡a ti te maldecimos, Korea del Norte!

Después de ahí, pasé a desayunar a unas hamburguesas de una especie de McDonald's que se llama Lottteria. Las hay por todos lados y de verlas se me antojaron. Estaban buenas, pero nada para la inmortalidad. De ahí, con un clima lluvioso, fui por mis cosas al hotel y preparar mi traslado hacia Yokohama.

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