11:00 am

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Después de descansar todo el día, el domingo ya estaba listo para la acción. Había recibido un mensaje de Tomo, un ejecutivo de Fujifilm en Japón, en el que nos veríamos a medio día para hacer una especie de tour.

Aunque quedamos de vernos a la 1pm, a mi ya me picaba la cama y salí temprano a hacer fotos. Esa noche había recibido una foto por Instagram por parte de mi hermano. Vio una foto que le gustó que alguien hizo en Tokio y me la mandó para darme una idea. La foto era, en apariencia, bastante simple; una larga exposición sobre un puente en el Río Meguro que atraviesa por Tokio y las hojas caídas de los cerezos pintaban todo el río de rosado. No parecía nada complicado, así que busqué en el mapa (bendito Google Maps y su Street View) donde era la zona y salí temprano hacia allá.

Llegando, el clima era espectacular, hacía mucho sol y el ambiente muy dominical, con gente paseando alrededor del río, había puestos de comida en la calle y todo aparentemente muy festivo. Antes de hacer la foto, decidí pasar al 7Eleven, digo, si iba a hacer una larga exposición en pleno sol, necesitaba una (o dos) cervezas como compañía. Bueno, dos cervezas y una lata de Gin&Tonic. Esa es de las cosas más divertidas de Japón, puedes beber en vía pública sin que nadie te de lata.

Y así es como puse mi mochila en el piso, la bolsa con las cervezas ahí junto, saqué mi cámara, puse el lente, llevé la cámara hacia mi ojo para hacer un par de pruebas de la perspectiva (todo esto con los codos recargados en el barandal del puente, con el río abajo. Ahí fue donde sentí como de pronto mi cámara pesaba menos y escuché un profundo splash debajo de mi. Sí, el lente se separó de la cámara y ahora estaba en el fondo del río. Ahí me pasó todo por la mente. Nunca había tenido un accidente similar, por lo regular suelo ser bastante cuidadoso con eso. Todo mal. Para hacer el cuento corto, puse mis cosas en una orilla del canal y bajé por una pequeña escalera de marinero que estaba en la orilla del río, arremangué mis pantalones como Tom Sawyer y me metí al río ante los ojos asombrados de los japoneses. Hice lo mío, entré y salí en menos de un minuto y afortunadamente nadie llamó a la policía; ese era mi mayor temor.

Y así es como guardé todo, me tomé las cervezas y el gin del puro coraje y busqué un supermercado para hacerme entender que necesitaba una bolsa de arroz. Metí el lente todo el día dentro de la bolsa de arroz y lo cargué durante todo el méndigo día.

Plot twist: ya no volvió a funcionar :(

Evidentemente no tengo fotos de ese día, más que la del puente de donde se me cayó el lente y donde me tuve que meter a rescatarlo.

Después de eso, muy enojado, fui a encontrarme con Tomo. Él tenía ya armado un plan, así que fuimos a Sensō-ji (el templo budista más importante de Tokio, en el barrio de Asakusa). Ahí fuimos a hacer una oración al templo y se sorprendió de mi uso del "aplauso, aplauso, reverencia, reverencia, aplauso, aplauso" para rezar (digo, llevaba 15 días practicándolo. Después del templo fuimos al SkyTree de Tokio, la segunda estructura más alta del planeta (con 634m), únicamente por debajo del Burj Khalifa en Dubai.

Después de estar por ahí un rato y escuchar, de voz de un japonés la explicación de muchas dudas que yo tenía en cuanto a geografía, historia y cultura. Sí, tenía muchas preguntas y finalmente pude platicarlas con alguien para resolverlas. Finalmente, fuimos a cenar en la noche a un lugar de BBQ japonés. Este tipo de restaurantes se caracteriza por ser de mesas redondas, con un gran extractor de humo al centro. Al ordenar, traen un especie de asador/parrilla y la carne cruda en platitos, uno la va poniendo a coser a su gusto. La verdad es que fue una experiencia increíble. Al menos ese día no batallé para pedir cerveza y que nadie me pelara. Tomo se encargó de eso sin problema.

Al final, en agradecimiento, le regalé un par de máscaras de luchador, cosa que agradeció infinitamente.

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