6:00 am

Star 0

Comment0

Desde que empecé a planear el viaje a Japón, contacté a alguien en Tokio para que me ayudara a contactar a los establos de Sumo y poder ver el Keiko (el entrenamiento por las mañanas). Desafortunadamente, después de mucho insistir (al menos eso me dijeron) no fue posible conseguir que me dieran chance de entrar y hacer algunas fotos. Este era uno de los propósitos personales de mi viaje, así que estando allá todavía hice personalmente el intento. El tema es que todo el mundo del Sumo es muy hermético y tratan de mantenerlo lo más discreto (y alejado de los turistas, supongo) posible. Encontré en internet un establo que ofrece la oportunidad de ver su entrenamiento (cuando hay) desde la ventana que da a la calle. Un día antes, logré darme a entender con alguien del hotel para que me ayudara a llamar al establo y preguntar si habría entrenamiento el día siguiente. Era mi último día en Tokio y era mi última oportunidad.

Para mi fortuna, sí había entrenamiento, pero sería a las 6.30am en vez de 7.30 como los tienen regularmente y están anunciados en la página. Esto, con toda la flojera que representaba madrugar, me daba una gran oportunidad, no habría tanta gente en la mañana, supuse que no muchos hablaban antes.

Me levanté muy temprano, tipo 4.30, para bañarme y salir corriendo hacia la estación de metro. El establo me quedaba a 1 hora entre caminatas y metro, así que no había más que madrugar. Al llegar ahí, minutos antes de las 6, ya estaba un luchador joven (Rikishi), mucho más esbelto de lo que yo tenía idea y estaba limpiando el dohyō, rociándolo con sal y agua a manera de purificación y alistando todo. Poco a poco otros luchadores iban llegando en sus bicicletas, vistiendo únicamente una bata (yakuta) y sandalias. Al entrar al establo, se quitaban la bata, ponían su tradicional cinturón (Mawashi, que es el mismo que usan toda su vida y no lo lavan, cuestión de creencias), y así brincar al dohyō para iniciar calentamientos y entrenar. Algunos otros de plano llegaban a pie ya enfundados en su cinturón caminando plácidamente por la calle. Al principio, las ventanas estaban cerradas, lo que hacía complicado tener una buena foto debido a los reflejos (aproveché para hacer una especie de autorretrato) y después las abrieron. Poco a poco subía la intensidad del entrenamiento, que consistía en una especie de gol-para. Iniciaban dos un duelo y quien perdía salía para que entrara un nuevo retador, y así por espacio de una hora. Poco tiempo después de las 6.30, ya eran unos 10-12 Rikishi en un espacio muy reducido, y abrieron las ventanas (¡Por fin!) y poco a poco la pequeña calle empezó a llenarse. La pared del establo (donde estaban las ventanas) estaba llena de bicicletas, a mi me dio la impresión que algunas ni servían y estaban ahí para que la gente no se amontonara. En fin, la calle era muy pequeña y habíamos ahí cerca de 30 curiosos. Cuando trataba de pasar un coche o camión de reparto, nos teníamos que quitar y reacomodar. Al final pude estar ahí como una hora haciendo algunas fotos cómodamente. Poco a poco fueron llegando personas como el entrenador (que nunca habló durante el entrenamiento, muy japonesa la onda, pues, puro control mental), y un par de personas que me dio la impresión que eran como promotores. Todos ellos se fueron sentando en una banca que había en el establo, sí, la que daba a las ventanas y era imposible seguir viendo hacia adentro, así que decidí que era buen momento de salir de ahí.

Me fui satisfecho por que pude hacer algunas fotos, pero con ganas de poder haberme quedado todo el entrenamiento y hacer algunas fotos desde adentro.

Cuando viajábamos con mi papá, él siempre decía que había que quedarse con ganas de algo, para así tener pretexto de volver. Bien, Keiko es esa parte con la que me quedé con ganas y me gustaría volver para intentar hacer fotos nuevamente.

No comments