15 Apr 2017

TK24 by javila

17/22

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Al tomar el metro, tenía intención de volver a Akibahara, el barrio geek, pero por venir platicando en WA, me pasé de estación y me di cuenta hasta Tokio Station. Mal. Me bajé del vagón para intentar tomar uno que me regresara y fue imposible. A esa hora (cerca de las 12am) todos los japoneses se apresuran a tomar su metro que los lleve a casa y es donde pierden toda muestra de civilidad. Ahí es donde pierden todo el glamour y parece que llevan toda su vida entrenando en Pantitlán en hora pico. Cuando el vagón está lleno y es notorio que no cabe una persona más, brincan otros 4 ó 5 valientes más y tratan de subirse, el personal de la estación, muy uniformados y con guantes blancos, tratan de darles el servicio empujándolos hacia adentro. Primero los hombros, cadera y después intentando meter las extremidades que quedan afuera. Pude ver, en un par de ocasiones, como se cerraban las puertas y quedaban de fuera una pierna o un brazo cargando un portafolios, y los guardias iban y trataban de acomodar a las personas. Después de dejar pasar varios trenes, me di cuenta que iba a ser muuuy complicado tomar el metro en cualquier dirección, así que caminé para salir de la estación al momento en que se iban apagando las luces detrás de mi. Bien, no más metro por el día de hoy, así que tendría que caminar, así que tomé camino hacia la zona que mejor conocía, que era la de mi hotel.

En el camino vi algunas cosas interesantes como una o dos parejas abrazándose (cosa que es muy extraña en Japón, ahí no hay muestras públicas de afecto), japoneses que era evidente que venían de divertirse en algún bar le hacían la parada a los taxis y estos decidían no detenerse. Me sentí también muy ambientado en México. A esa hora, cerca de la 1am, las calles se vaciaron. No había prácticamente nadie, salvo una Geisha que salió con bastante prisa de un hotel para caminar un par de cuadras y perderse entre los callejones, a la que aproveché para hacer una foto. Fue la única que vi en Tokio durante el tiempo que estuve ahí. De ahí al hotel, caminé por un buen rato sin ver gente, salvo los equipos de servicios públicos que arreglan las calles en las noches. Dado el éxito obtenido, decidí hacer una escala en el hotel para descansar un poco y volver a salir más tarde.

Cerca de las 4am y con nuevos bríos después de acostarme unos minutos, tomar agua y cambiarme de playera, salí nuevamente a la calle. Esta vez caminé en dirección opuesta, hacia el sur. Poco a poco se veía más gente. Algunos empezando a hacer repartos a tiendas, otros saliendo a correr, otros todavía regresando de la fiesta.

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Pocos minutos después de las 5am empieza a amanecer WTF! es demasiado temprano como para que salga el sol, pero bueno, eso fue mi pauta para acelerar el paso. Sabía que en el sur había un puente famoso, el Raimbow Bridge) y pensé que sería buena idea hacer algunas fotos del amanecer ahí. Pues sí, y no.

Llegué apenas para lograr hacer un par de fotos con la salida del sol sobre el mar, eso está bien, pero mi inocencia decía que sería padre hacer fotos desde el puente. Obviamente estaba cerrado para los peatones, así que tuve que conformarme con hacer algunas fotos desde abajo.

Después de hacer fotos ahí y ver como amanecía, decidí volver al metro para ir otra vez hasta Shibuya. Quería ver el lugar vacío, así que tomé el metro cerca de las 6am, ya con completa luz de día. Ese fue de mis viajes en metro más entretenidos. Se puede ver una mezcla bien interesante de la gente que va con la que apneas regresa. Gente arreglada, de camino a trabajar, hombro con hombro de gente saliendo de la fiesta y queriendo regresar a casa. Todos muy ordenados, sentados (dormidos) en los silenciosos vagones. Si de por sí se siente un silencio incómodo en todos los viajes de metro o tren, el de Tokio a esa hora en sábado era brutal. Nadie habla, no suenan celulares, nadie ronca. Únicamente se escucha el paso del vagón sobre las vías.

Llegando a Shibuya, y para mi sorpresa, me di cuenta que ese crucero no duerme nunca. No eran ni las 7am y ya se podía ver el pasar de grupos en el crucero. No serán los miles que se ven durante la tarde, pero sí se ven varias decenas. Algunos todavía con vasos de la fiesta, otros con paso apresurado por ir a trabajar, pero no hay manera de ver ese crucero vacío.

Decidí que ese sería buen momento para visitar el Starbucks que sirve de mirador y me di cuenta que es de los peores Starbucks que he visitado. No estaba sucio ni mucho menos, pero es tal la cantidad de gente que atienden que su menú es muy limitado (8-10 bebidas) y únicamente las sirven en tamaño Short. Después de desayunar y ver que realmente la vista desde ahí no es nada espectacular, decidí empezar el camino de vuelta al hotel. Mis 24 horas estaban terminando.

Al llegar al hotel, pasé todo el sábado ahí entre jacuzzi, jetitas y visitas ocasionales al 7Eleven por algo de comer. Había sido un día pesadísimo y necesitaba descansar.