19 Apr 2017

TK24 by javila

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Desde que empecé a planear el viaje a Japón, contacté a alguien en Tokio para que me ayudara a contactar a los establos de Sumo y poder ver el Keiko (el entrenamiento por las mañanas). Desafortunadamente, después de mucho insistir (al menos eso me dijeron) no fue posible conseguir que me dieran chance de entrar y hacer algunas fotos. Este era uno de los propósitos personales de mi viaje, así que estando allá todavía hice personalmente el intento. El tema es que todo el mundo del Sumo es muy hermético y tratan de mantenerlo lo más discreto (y alejado de los turistas, supongo) posible. Encontré en internet un establo que ofrece la oportunidad de ver su entrenamiento (cuando hay) desde la ventana que da a la calle. Un día antes, logré darme a entender con alguien del hotel para que me ayudara a llamar al establo y preguntar si habría entrenamiento el día siguiente. Era mi último día en Tokio y era mi última oportunidad.

Para mi fortuna, sí había entrenamiento, pero sería a las 6.30am en vez de 7.30 como los tienen regularmente y están anunciados en la página. Esto, con toda la flojera que representaba madrugar, me daba una gran oportunidad, no habría tanta gente en la mañana, supuse que no muchos hablaban antes.

Me levanté muy temprano, tipo 4.30, para bañarme y salir corriendo hacia la estación de metro. El establo me quedaba a 1 hora entre caminatas y metro, así que no había más que madrugar. Al llegar ahí, minutos antes de las 6, ya estaba un luchador joven (Rikishi), mucho más esbelto de lo que yo tenía idea y estaba limpiando el dohyō, rociándolo con sal y agua a manera de purificación y alistando todo. Poco a poco otros luchadores iban llegando en sus bicicletas, vistiendo únicamente una bata (yakuta) y sandalias. Al entrar al establo, se quitaban la bata, ponían su tradicional cinturón (Mawashi, que es el mismo que usan toda su vida y no lo lavan, cuestión de creencias), y así brincar al dohyō para iniciar calentamientos y entrenar. Algunos otros de plano llegaban a pie ya enfundados en su cinturón caminando plácidamente por la calle. Al principio, las ventanas estaban cerradas, lo que hacía complicado tener una buena foto debido a los reflejos (aproveché para hacer una especie de autorretrato) y después las abrieron. Poco a poco subía la intensidad del entrenamiento, que consistía en una especie de gol-para. Iniciaban dos un duelo y quien perdía salía para que entrara un nuevo retador, y así por espacio de una hora. Poco tiempo después de las 6.30, ya eran unos 10-12 Rikishi en un espacio muy reducido, y abrieron las ventanas (¡Por fin!) y poco a poco la pequeña calle empezó a llenarse. La pared del establo (donde estaban las ventanas) estaba llena de bicicletas, a mi me dio la impresión que algunas ni servían y estaban ahí para que la gente no se amontonara. En fin, la calle era muy pequeña y habíamos ahí cerca de 30 curiosos. Cuando trataba de pasar un coche o camión de reparto, nos teníamos que quitar y reacomodar. Al final pude estar ahí como una hora haciendo algunas fotos cómodamente. Poco a poco fueron llegando personas como el entrenador (que nunca habló durante el entrenamiento, muy japonesa la onda, pues, puro control mental), y un par de personas que me dio la impresión que eran como promotores. Todos ellos se fueron sentando en una banca que había en el establo, sí, la que daba a las ventanas y era imposible seguir viendo hacia adentro, así que decidí que era buen momento de salir de ahí.

Me fui satisfecho por que pude hacer algunas fotos, pero con ganas de poder haberme quedado todo el entrenamiento y hacer algunas fotos desde adentro.

Cuando viajábamos con mi papá, él siempre decía que había que quedarse con ganas de algo, para así tener pretexto de volver. Bien, Keiko es esa parte con la que me quedé con ganas y me gustaría volver para intentar hacer fotos nuevamente.

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Después de las fotos en el establo de Sumo, estaba hambriento y desmañanado. El último día iba a ser tranquilo. En esencia comprar algunas cosas que me hacían falta, hacer maleta y cosas así.

Cuando salí temprano en la mañana hacia el Sumo, revisé en Google cuanto me costaría llegar al aeropuerto el día siguiente y aparté ese dinero exacto, con lo que me quedaba, tenía que sobrebivir el último día. No estaba tan complicado. Mi tema es que no quería volver a sacar dinero del cajero para quedarme después con él y perder en el tipo de cambio en el aeropuerto. No es como que llevara millones de Yenes, pero siempre se siente feo perder en el cambio de moneda. Así que hice mi presupuesto y tenía algo parecido a 30 dólares para sobrellevar el día con comida y transporte. Ese era más o menos mi promedio diario de gastos en 20 días, así que no había mucho problema, cierto?

Después del Sumo fui otra vez a la zona de Harajuku, ahí había mil tiendas y podía comprar las cosas que me faltaban. Pasé el día turisteando y caminando por ahí, y en una tienda donde compré un regalo (que tenía previsto pagarlo con tarjeta) y pagué en efectivo. Gasté ahí casi todo lo que me quedaba y ahora tenía como 5 dólares. Salí y busqué un 7Eleven para sacar dinero y el cajero declinó mi tarjeta. Sin paniquear, busqué otro 7Eleven y lo mismo por otros tres cajeros más. Ups, problemas ahora sí. Estaba en una encrucijada: regresar en metro al hotel y no comer nada o buscar que comer y volver a pié (5km). Las dos opciones eran malas por donde las viera. Traté de buscar como llamar al banco y no traía monedas para marcar ni mucho menos tenía idea como marcar al banco, además que por el cambio de horario nadie me iba a hacer caso. Me desesperé y no sabía que hacer.

Todavía me faltaba comprar un regalo, así que entré a una especie de tienda departamental de siete pisos, y después de subir todos, me di cuenta que era únicamente de ropa y accesorios para mujer (había otro edificio de hombres) y en el 7mo piso había escondido un cajero junto a los baños. Hice el intento y por fin pude sacar dinero. Me sentí como habiéndome ganado la lotería. Llevaba cerca de dos horas caminando y pensando que hacer y por fin pude sacar algo de dinero. El tema no era de fondos, ni de horario (no se puede sacar dinero con tarjetas extranjeras en domingo ni después de las 6pm), nada más no quería darme dinero y ya. Cuando tenía mis 500 yenes en las manos me cambió la vida. Ahora tenía dinero "de sobra", así que compré el último regalo que necesitaba y busqué un buen lugar para comer: sí, Ramen con cerdo otra vez, pero esta vez pude pedir cerveza y refill de Ramen, como magnate, pues.

Después de eso empezó mi regreso hacia el hotel para hacer maleta, dormir un rato, hacer check-out como a las 4am por que tenía que estar en el aeropuerto a las 6 para subir al avión y emprender el camino a casa.
Todo lo bueno acaba y este viaje ahí terminaba para mi.