TK24

By javila

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Bien, no sé ni por donde empezar, quizás lo más adecuado sería por agradecer que he corrido con mucha suerte y me he topado con gente increíble en el camino.

Creo que esto empieza hace un par de años, en días previos al #24HourProject donde, dada la emoción, empiezo a jugar con la idea de hacer el proyecto en algún otro lugar, y mi mente automáticamente piensa en Tokio.

Como referencia, el #24HourProject es un movimiento en el que cada año, miles de fotógrafos alrededor de todo el mundo salimos a las calles de nuestras ciudades a documentar la condición humana durante 24 horas seguidas, publicado una foto cada hora. Desde que supe por primera vez de este proyecto me emocionó mucho la idea.

Sin embargo, siempre he pensado que a pesar de todo lo que implica mantenerse creativo durante 24 horas (y administrarse entre comidas, descansos, idas al baño, baterías, edición y demás) siempre hay un Plan B, una red de seguridad. Al final, vamos en grupo, conocemos la ciudad, la gente, el idioma, la cultura y demás, sin mencionar que en cualquier momento podemos llamar a cualquier persona hasta para algo tan simple como ir al baño o tomar agua.

A partir de ahí, me gustó jugar con la idea de hacer el mismo ejercicio, hacer fotos durante 24 horas seguidas, pero esta vez en un lugar totalmente desconocido. Mi top tres de opciones siempre han sido Tokio, Lisboa y Bangkok.

La idea de despertar en un lugar donde todo es ajeno y dedicarle 24 horas completas a explorar la ciudad y retratar la desde los ojos de un completo extraño siempre me ha parecido por demás interesante, aunque hasta hace tres meses, eso era todavía un sueño guajiro, algo con lo que sueñas pero sabes que es totalmente improbable.

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Un buen día a principios de noviembre, platicando con alguien me hicieron la pregunta que nunca esperas o tienes ensayada la respuesta: "¿Cuál sería así tu máximo como proyecto de foto?". Sin pensarlo, contesté que retratar Tokio por 24 horas. Era una respuesta honesta, pero igual de retórica que la pregunta. "Pues vas, házlo." la contestación. Osea, sí estaría padre planearlo y hacer que suceda, pero viajar al otro lado del mundo no son enchiladas. "Nosotros nos encargamos del vuelo, tu encárgate de lo demás. Necesitamos tu pasaporte y visa americana ASAP.". Bien, se me cayeron los calzones en ese momento. Mi visa tenía un par de meses de vencida, mi pasaporte unos seis. Digo, pensaba renovarlos, pero no tenía prisa. A partir de ahí todo se volvió una carrera contra reloj. ¿La prisa? Ninguna, más bien emoción. Cita para el pasaporte, cita para la visa, visita a la embajada, pasaron dos meses y finalmente tenía visa y pasaporte en orden otra vez. Ahí me cayó el veinte la primera vez. ¿Qué se acerca de Japón? Nada. Cero. No conozco el idioma ni sus infinitos protocolos para todo. Un par de guías de Lonely Planet han sido mi biblia los últimos dos meses.

Por lo regular, uno planea un viaje de la manera más ordenada y para tener los menos contratiempos posibles. Yo simplemente empecé a planear un viaje para perderme. Literal. Un viaje para pasar 24 horas perdido en Tokio haciendo fotos. No hay plan b, no red de seguridad. No conozco a nadie ahí y, un poco a propósito, no he hecho el intento por aprender el idioma. Chinguesumadre. Algo saldrá.

Sí, entre más lo pienso, más irresponsable me parece la idea. Pero a la vez, creo que eso me emociona más.

Por otra parte, para un viaje al otro lado del mundo, uno lo planea y va haciendo sus ahorros y previsiones. A mi no me dio mucho tiempo. Apretar el cinturón por aquí y por allá, vender trabajo (fotos) por anticipado (infinitas gracias a mis clientes que confían en mi de esa manera) y así hacer un guardadito para estar en Japón.

Lo que en un principio empezó con 24 horas en una ciudad, se convirtió en 18 días recorriendo un país emblemático. ¿Mi ruta? Básicamente salió de ver fotógrafos japoneses en Instagram. Si me gustaba algo y la foto estaba geolocalizada, lo ponía en mi ruta.

Para mantenerme lo más fiel a mi proyecto posible, está todo planeado para visitar 5 ciudades antes de llegar a Tokio. En cuanto llegue, será directo al hotel, cargar pilas, dormir y al despertar empezar con mis 24 horas en una ciudad que no conozco.

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¿Por qué Japón? ¿Por qué Tokio? ¿Por qué 24 horas?

Bien, creo que todo tiene su base en mi curiosidad por la estética asiática. No puedo decir que me ha atraído toda la vida, sería una gran mentira, pero sí hace algunos años. Dos o tres. En esta búsqueda creativa, uno como fotógrafo (al menos yo) siempre busco nuevas fuentes de inspiración. Odio copiar, pero sí me gusta detenerme en ver fotos y tratar de desmenuzarlas, entenderlas, llegar un poco al proceso de quien la hizo y entender su motivación para decidir algunas cosas muy básicas; ¿por qué el sujeto? ¿por qué decidió encuadrar así? ¿por qué blanco y negro o color? ¿por qué decidió publicarla? ¿Por qué mejor no lo intentó horizontal en vez de vertical o viceversa? Cosas así de básicas.

En esta búsqueda de fuentes de inspiración me topé con gente asiática, supongo que por azar. Tadashi Onishi y Tatsuo Suzuki entre los que más me han atraído. Perdón, no soy fan de Moriyama. Bien, el caso es que después de ver trabajo de japoneses decidí irme un paso hacia atrás y entender, antes que SUS fotografías, sus conceptos estéticos. De ahí nace todo. No basta solamente con entender que dado que toda su estructura mental es distinta, sino los fundamentos y principios básicos de estética.

Invariablemente, sin importar la fuente a la que llegara siempre hablaban del wabi-sabi. Es un principio (que se vuelve estilo de vida) que viene del budismo y en el que predominan tres conceptos: trascendencia, aceptación e imperfección. Así de simple. Sí, como el Zen, y todas esas cosas que siempre nos dicen que son simples (pero en realidad son mucho más complejas de lo que nos platican). En teoría, de aquí sale la base estética de todas las formas de arte japonesas; desde el haiku hasta el cultivo de bonsais.

Un poco mi intención con esta expedición (sí, empezó en un proyecto de 24 horas y se convirtió en una odisea de 18 días), es justamente eso. Ir en busca del wabi-sabi. Dejar ir, abrir los ojos y percibir. Una de las cosas que más me quedó grabada en esta búsqueda estética es que para crear no debemos buscar referencias (sí, lo vine haciendo mal todos estos años), al contrario. Ver referencias, lejos de inspirarnos, nos pone un límite. No importa lo que hagamos, trataremos de llegar hasta esa referencia y difícilmente podremos pasar.

Esta será una búsqueda para entender el wabi-sabi. Espero estar preparado.

Al final, el viaje está acomodado para este propósito. Visitar varias ciudades (por distintos propósitos) e ir entendiendo poco a poco. Voy de la ciudad más pequeña a la más grande. De la más espiritual a la más cosmopolita. Una vez llegando a Tokio (jueves por la tarde) será cuestión de dormir un rato y alrededor de las 10am salir a retratar la ciudad durante todo un día entero. Así, sin conocer la ciudad. Espero que los días previos me den lo básico de conocimientos para moverme y pedir de comer, no más.

Serán 24 horas de dejarme perder (o incluso perderme a propósito). Explorar calles, rincones y demás. No llevo la presión de editar y publicar fotos en el momento, únicamente administrar baterías, idas al baño y demás para poder hacer un retrato de la ciudad durante 24 horas ininterrumpidas.

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La premisa es simple: Estás perdido en un lugar que no conoces. Solamente puedes caminar mientras escuchas una canción, ¿qué canción sería?

Si bien estoy planeando muchas cosas para perderme a propósito, también quise planear un soundtrack para acompañarme (lo más posible) en la travesía.

Estar perdido en un lugar que no conozco prácticamente nada (y a propósito no he querido ver ni mapas, contrario a lo que haría desde meses antes con un viaje), trataré de no usar GPS o Google Translate. Un mapa de papel, quizás una brújula, muchas pilas, un par de cámaras y un largo playlist para escuchar mientras, literal, me dejo perder en una inmensa ciudad durante 24 horas. Sin conocer a nada ni nadie, sin un rumbo fijo y una mochila con un par de cámaras al hombro.

Gracias a los que han colaborado para este extenso playlist. Será un parote escuchar las 100+ canciones que llevo para dejarme llevar.

El playlist está aquí por si alguien quiere escucharlo:

open.spotify.com/user/1277190919/playlist/6498cFz8QqO0KlXR150deh

La explicación completa del proyecto, está aquí mismo, en posts anteriores.

P. D. Faltan 10 días para salir y ya me dieron ñáñaras.

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Bien, en la escuela aprendemos que la tierra es redonda, sí, pero al menos yo siempre la visualicé más bien como un cilindro, nunca como una esfera. Vaya, Colón y Cortez viajaban de izquierda a derecha nada más, cierto?

Pues después de la incertidumbre de no saber si te subes en un vuelo (sí, así es esto de viajar como agregado, te ponen en lista de espera y en la sala de abordaje solamente estás deseando que alguien no logré su conexión y pierda su vuelo, lo cual significa que yo ocuparía su lugar. La tristeza de algunos puede ser la felicidad de otros, triste pero cierto).

Bien, después de estar en la posición 13 en la lista de espera, logré subirme al primer avión disponible y no esperar 2 horas más a probar suerte. Fue un vuelo largo como la Cuaresma y lleno como Iztapalapa en Semana Santa, pero nada mal.

El tema es, sí vuelan de Dallas, Tx. a Tokio, ¿por dónde se va el avión? Ok, no es secreto queme encantan los mapas y soy bastante ubicado y mi primera opción sería cruzar todo Estados Unidos y después todo el Pacífico, ¿cierto? Así tipo Lost, justo así.

Pero pues no. Volamos hacia el Noroeste. Cruzamos hacia Denver, y cruzamos Estados Unidos, luego Canadá y después Aalaska para pasar sobre el Estrecho de Bering y bajar por Rusia hasta entrar por el norte a Japón. Mind blow. Nunca lo habría pensado.

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Todo es nuevo. El olor, la fisionomía de las personas, las letras, los señalamientos. Todo. Entrar al país es sencillo (en comparación a Estados Unidos o Perú), solam hay que seguir las indicaciones de los hombres y mujeres en tapabocas que balbucean gruñidos y hacen señas claras con los brazos. También checan que las formas migratorias estén llenas. Primer problema. Durante el vuelo repartieron dichas formas, no encontré mi pluma negra y se me hizo fácil llenarlas con pluma verde. Ofensa. Retrocague. Me hicieron saber que no era permitido y me sacaron de la fila para volver a llenarlas, con pluma negra, digna de una oficina de aduanas. Lo sé, my bad.

Después de cruzar migración empieza lo divertido. Comprar chip de celular, cambiar a moneda local, canjear pase de tren y probar suerte con la comida en un 7Eleven. Nada mal. Sándwich de Katsudon (pollo frito), como Lonchibón pero más exótico.

De ahí a tomar el tren. La verdad es que las instrucciones para todo sob bastante claras y tooooodo tiene dibujitos.

El tren bala padre, aunque no se siente que vaya así como que bala, pero bastante cómodo y, después como de 27 horas de viaje (incluido tiempo en aeropuertos), llegué a Kyoto.

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Bien, después de la llegada a Kyoto y un merecido descaESTÚPIDO JETLAG! Me desperté a las 5 y ya no pude dormir más, así que me salí temprano a la calle. Mi idea era visitar primero el Templo Kinkakuji así que me persigné y tomé mi primer camión; primer regaño. Eché las moneditas en la ranura equivocada. Los camiones son bastante sencillos de usar. Te subes por la parte central y al bajar lo haces por adelante, junto al chofer. Ahí hay dos "alcancías" una para cambiar monedas o billetes y te los fracciona, y la otra es para pagar. Pues yo con mis 230¥ listos en la mano y ¡pum! ranura equivocada y me gané un retrocague. No debo equivocarme de ranura. Llegué al Templo y obvio estaba cerrado. Eran 6:50 y abrían hasta las 9. Compré una latita de café en una vending machine y ¡sorpresa, estaba caliente! Perdón, fue una grata sorpresa. En mi pueblo no hay de esto. Máquinas expendedoras de bebidas frías y calientes. La misma bebida en las dos opciones. La temperatura del café era exacta. La latita te calienta las manos, pero no quema. El café está caliente y perfectamente bebible. Supongo que hay mil ingenieros y científicos japoneses detrás de eso. Y, dato curioso, hay máquinas expendedoras como hay topes en México. Una cada 30 metros, sin exagerar.

El caso es que exploré el barrio (Gracias Google Maps) y vi que había dos templos pequeños cerca. Waraten Jingū y Shirano. En el primero no había nadie, así que puse en práctica mi aprendizaje en purificación. Aunque hay dibujitos para todo, literal, no quería hacer el oso con más gente, así que lo hice despacio. Mano derecha, mano izquierda, mano derecha, boca y limpiar el cosito de bambú. Nada mal. El primer templo, muy pequeño estaba dedicado a la fertilidad o algo así. Digo, mi japonés no es muy bueno pero eso entendí. Había pequeños baberos como ofrendas con recaditos con Sharpie y una invitación a que las mujeres en el 9° mes fueran por una bendición y un poco de Sake. Eso sí lo entendí, estaba en Inglés Nippon, es decir, hacen el intento pero no es nada bueno.

De ahí fui a otro templo y al llegar vi una tribu de fotógrafos haciendo fotos de la puerta (Torii), y un gran cerezo (Sakura). No se conocían entre sí, eran como 20 y todos ordenados tomaban turnos para hacer su foto y no estorbarse. Al terminar, hacía una reverencia hacia el templo, hacia los demás fotógrafos y cedía su turno. Igual que en mi pueblo, pues. Todos con equipos grandes y muy caros. En México a esos les decimos 'pros', aquí son solamente un compadre más con una cámara.

Regresé al famoso Templo Dorado (Kinkakuji). Fui el primero en llegar, eran 8.15. Veinte minutos más tarde ya éramos 50, luego 100 y a las 9 como 200. Todos muy ordenados (bueno, nos ordenaron a señas para hacer una línea, como diciendo si no se forman no abrimos) e tramos para pagar la entrada (500¥) y así ordenados con la ayuda de 6-7 policías nos fueron acomodando para tomar fotos e irnos pastoreando para la salida. Se puede estar el tiempo que uno quiera, pero hacen la visita bastante rápida para que pueda entrar más gente.

Después de eso tomé otro camión para ir al otro lado de la ciudad. Caminé por Philosophers Path y fui a Honen-in (otro templo) y por algunos callejones llenos de cerezos. De ahí mi tirada era ir a un lugar que es un gran camino de bambú, pero está hasta el otro lado de la ciudad. Primer problema, 40 minutos tratando de entender de donde salía el camión. Era un crucero de 6 calles y no entendía de que parada o en qué dirección salía el méndigo camión. Finalmente salí hacia Arashiyama, un lugar sumamente turístico, con algunos templos cerca y un famoso camino de bambú. A eso iba.

Decidí primero comer, así que entré a uno de los 473838 restsurantes de ahí, supongo que todos para turistas, pero nada mal. El primero de muchos Ramen con puerco. Total que puse el GPS para dónde según yo iba, y después de una fatal perdida en un camino por un cerro, me di cuenta que lo estaba haciendo todo mal, estaba del otro lado del río, ya eran las 5, estaba empezando a llover y ya no aguantaba la mochila. Hice coraje por que estaba literal como a 500 meteos, pero del otro lado del río y eso representaba mucho para regresar al puente y volver a empezar. Me regresé al hotel a descansar y hacer un mejor plan para el siguiente día.

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Otra vez me levanté demasiado temprano, tipo 4 am. Digo, llegué molido el día anterior y según yo iba a descansar un ratito para salir a cenar y hacer fotos de noche. LOL, me quedé jetón antes de las 7.

El caso es que tenía pensado despertar a las 5 y viajar al Templo Fushimi Inari Taisha, que nunca cierra, así que quería estar ahí desde muy temprano para hacer algunas fotos sin gente. Llegué bastante rápido y entré al templo temprano, ante de las 7. El lugar estaba vacío y solamente había dos o tres grupos pequeños de turistas desmañanados igual que yo. Empecé a recorrer el camino de Toriis que va subiendo el monte. Es algo muy parecido al Bosque de Tlalpan en tamaño y vegetación, pero vas subiendo por este camino interminable de arcos rojos, todos dejados por alguien a manera de ofrenda. El lugar es por demás espectacular. Tuve suerte de ver a una pareja que iba subiendo, llegaron a uno de los templos ahí dentro, hicieron una reverencia/oración y se regresaron. Pude hacer una foto cuando se iban, él de traje, ella de Kimono. De espaldas, en el caminito de bajada de arcos rojos. De mis fotos favoritas hasta ahora. Estuve un muy buen rato en el monte haciendo fotos. Ya de bajada, hay algunos tipo casitas rojas, la clásica arquitectura japonesa, y de ahí se ven saliendo monjes de una puerta para entrar a otra. Interesante.

De ahí tomé el tren de vuelta a Kyoto y pasé un rato dentro de la estación. Es espectacular. Tiene mejor infraestructura que el aeropuerto de la CDMX. Impresionante. De ahí pasé a la visita obligada a BIC Camera, una tienda muy grande de electrónica y con un piso completo de artículos fotográficos. Aunque los precios sí están más baratos que comprar en Estados Unidos, no compré absolutamente nada. Supongo que eso es a lo que le llaman madurar.

De ahí fui en mi segundo intento por el méndigo bosque de bambú. Esta vez lo logré. Primero la visita al templo y después al caminito de bambú. Increíble. Aunque hay mil turistas se puede caminar muy a gusto, hacer la tradicional selfie y pasar ahí un buen rato. De ahí subí otra vez al camión y fui hacia Gion, el distrito tradicional donde se pueden ver Geishas y demás. El lugar es bien bonito. Es un barrio con mil callejones y tiendas de todo, sobretodo de postes, aquí son bien dulceros. De los demás locales, la mitad rentan o venden Kimonos, así que todas las turistas se visten y peinan como japonesas. Está padre ver de pronto a una holandesa de 1.80 con Kimono, o una afroamericana. No se, me botó el chip, son de esas cosas que nomás no cuadran. Es como ver a un mariachi güero o negrito. Nomás no cuadra.

De ahí volví al hotel, descansé un rato y salí en la noche a tomar fotos. En todos lados hay callejones, luz neón y letreros, estaba lloviendo. Disfruté muchísimo esa salida.

De vuelta al hotel en la noche para dormir y arreglar mis cosas.

El día siguiente volví a hacer el mismo recorrido para tomar fotos. Había encontrado algunos cerezos padres en la noche y quería hacerles fotos de día, así que a las 7 ya estaba en la calle, hice fotos, fui por mi "desayuno americano" y regresé al hotel por mis cosas para ir hacia Osaka.

Desayuno Americano: Hice la reserva con desayuno por que no sabía cómo me iba a tocar el tema de la comida y, pensé, con el desayuno incluido podría resolver al menos una comida en lo que agarraba la onda. Pues no, el desayuno americano era así literal. Me daban una tarjeta de Starbucks por cada noche, así que tenía que encontrar uno y pedir lo que quisiera. Estuvo bien, lo gasté casi todo en té y solamente un día desayuné. Cómo referencia, un Venti Frappuccino cuesta 97 pesos. Caro, pues.

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Cuando hice mis reservas, traté de mantener loejor de las comodidades al menor presupuesto. Había escuchado de estos "Hoteles Cápsula" y reservé casi toda mi estancia en este tipo de hoteles.

Cuando llegué a Kyoto, me hospedé en el 9Hours. Su filosofía es que debes dedicar 9 horas de descanso en tu día. Una hora de relajación, meditación antes de dormir, siete de sueño y una más para despertar, asearse y vestirse.

El hotel interesante. Es un tipo hostal con gente de todo el mundo. Cuando llegas te quitas los zapatos, que después de 27 horas de viaje se agradece. Haces check-in y te dan tu kit. Una llave para un locker donde guardas los zapatos cerca de la entrada, una bolsa con una pijama, un cepillo de dientes, toallas y pantuflas. También una tarjeta tipo de presentación con tu número de cápsula y un código QR. En el 9no piso hay regaderas, lockers, vestidores y un tipo jacuzzi. La tarjeta con el código QR sirve para abrir el locker. Ósom! Escaneas el código en el lector junto a tu locker y se abre. Están muy padres de su tecnología estos amigos.

Despedida, en el 6to piso estaba mi cápsula. La verdad es que bastante cómoda en tamaño, pero la cama/tatami/futón y la almohada estaban un poco duras, ni modo. Es lo que hay. Adentro hay donde cargar el celular y un dispositivo para poner la alarma. Cuando la activas, la luz se empieza a atenuar (juran que así se induce mejor el sueño) y en la mañana, antes de sonar la alarma se empieza a encender la luz otra vez. El único tema es que hay que hacer check-out cada día. Puedes guardar ahí tu maleta, pero el hotel se queda completamente vacío de 10 a 3 para que lo puedan limpiar. Al volv el día siguiente te vuelven a dar kit de bienvenida.

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Osaka es una ciudad mucho más grande que Kyoto. La llegada fue padre porque había lluvia, edificios mucho más altos y calles mucho más grandes y concurridas. El hotel al que llegué, cápsula otra vez, estaba mucho mejor que el de Kyoto. Primero, estaba convenientemente en un edificio sobre una estación de tren, muy buen acceso. Es un hotel (cadena de hoteles) inspirados en la primera clase de los aviones. Las recepcionistas están vestidas tipo sobrecargo y todo es temática avión elegante. Aquí no son cápsulas propiamente, son pequeñas s habitaciones en forma de cubo, donde hay una cama, una mesita muy chiquita, TV y una cama. No hay puertas, pero se cierra con una gruesa cortina y cierra perfectamente con imanes. El hotel tiene su propio Spa.

Dejé mis cosas y fui a Dombotori, un barrio muy turístico y muy popular. Todos van por alguna razón a tomarse fotos cerca del Gilco Man, in espectacular de un monito corriendo. Hay mucha gente, muchos puestos de comida y la gente va a tomarse selfies en todo lado. Es una especie de Times Square. Ahí hice fotos un ratito, fui por un té a Starbucks y tomé camión hacia el Festival Hall, un lugar de conciertos (principalmente música de cámara). Fui por que había visto una foto en Instagram y quería conocer el lugar y hacer mi propia foto. La entrada tiene una gran escalera de alfombra roja. Fui, hice mi foto, vi que los restaurantes ahí dentro eran impagables para mi (comidas de 200-300 dólares).

De ahí me moví hacia el área del puerto, estaba lloviendo cuando llegué así que paré a comer y después entré al Acuario de Osaka. Dicen ser uno de los más grandes acuarios públicos. El lugar, sí muy grande, con muchos animales y, sorprendentemente, sin olor a pescado. Hay tanto peces como otras especies como nutrias, focas, tiburones, tortugas y demás. Cuando inicia el recorrido, hay un marcador de distancia. 997 metros de recorrido dentro del acuario en varios niveles. Después del Acuario, volví al hotel, a visitar el spa.

Totalmente japonés, una fila de regaderas con pequeños banquita en donde te sientas a limpiarte antes de entrar al jacuzzi. Esto ya lo sabía, pero no le hallaba al protocolo. Entró alguien más a quien le pude medio copiar para que no.me fuera a juzgar en silencio por no saber usar un baño.

Después del spa y una jetita reparadora salía Dotonbori otra vez a tomar fotos, esta vez en la noche. Hay algo de magia en las calles de noche por acá. Más que magia, la luz es increíble, hay mucha gente a quien hacerle fotos bastante fácil y de cerca, nadie pela. Los reflejos del neón en los coches impresionante limpios y la lluvia hacen cosas interesantes.

Me tocó ver como detuvo la policía un coche, el chofer (perdón por el prejuicio) sí se veía delincuentón, no se quiso bajar, pidió refuerzos la policía, llegaron otros 5 y el detenido de pronto prendió el coche y se peleó. Empezó una persecución.

Más tarde volví al hotel a descansar. Por alguna razón ya no tenía piernas para seguir en la calle.

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El día siguiente me levanté tarde y bajé a desayunar. También tenía desayuno incluido​ y no era Starbucks. El desayuno era tipo buffet, con pedazos de pescado crudo, huevo crudo, huevo revuelto, Yakisoba (noodles fritos), cereal, leche, jugo y así. Ahí llegué a la conclusión de que por eso parece y que siempre están enojados los japoneses, yo también lo y estaría sí me hicieran desayunar pedazos de pescado crudo con piel. No sushi, así, pedazos de pescado nomás. Por el contrario, tenían unos daneses de manzana o chocolate espectaculares.

Ese día, decidí que estaba cansado y necesitaba reponerme así que pasé el día entre caminatas cortas, una visita a otro BIC Camera (no compré nada otra vez, hola adultez) y la visita a un mall de 10 pisos. Sí, un tipo de tienda departamental con 10 pisos, increíble. Comí en la cafetería de una librería ahí dentro, en el piso 9, atorón con una lasagna de 12 dólares. Estaba buena pero muy chiquita.

En la tarde regresé al hotel a descansar y después de un baño y un whisky en el bar del hotel salí de nuevo a la calle en la noche a cenar (sí, Ramen con cerdo) y hacer fotos. Cerca de ahí hay un barrio con mucho movimiento en las noches, hay miles de restaurantes, bares, antros, karaokes y demás. Las fotos ahí no son tan fáciles. En algunos bares tienen afuera niñas tipo edecanes que tratan de convencerte de entrar a un bar, pero junto a ellas siempre hay cadeneros que las cuidan y están muy al pendiente de la cámara. Mejor ni jugarle al vivo.

De las cosas extrañas del día: una caravana de gente disfrazados de Mario Bros. paseando en go-karts por la ciudad. Al parecer es una práctica medio común y hay operadoras que rentan los carritos para pasear en las calles. Son de esas cosas que tendré que hacer la siguiente vez.

De vuelta al hotel a ordenar mis cosas para el día siguiente, pero antes de dormir, a ponerme de acuerdo con Yuji para el Instameet del domingo.

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A Yuji lo ubiqué por Instagram buscando fotos de Kyoto y Osaka y empecé a seguirlo a él y otro par de fotógrafos. Un día él postró que haría una reunión el mismo domingo que yo iba a estar en Osaka, así que lo contacté para unirme.

Llegué al punto de reunión 10 minutos tarde (entre que me perdí y tomé un par de fotos) y me dio mucha pena. Ya todos estaban ahí, aunque era comprensible que no conozco el lugar y que era domingo a las 8am, pero bueno. Saludé al grupo y nadie más que Yuji hablaba Inglés, y a medias. Uno más hacía el gran intento, pero no logramos mucho. Ese día se habían reunido para​ tomar fotos de los cerezos. La verdad es que fue muy padre experiencia, me tomaron fotos o se tomaban fotos conmigo. Yo era la atracción, el Gaijin (forastero). Hicimos una foto de grupo y caminamos un buen rato, padre la visita. Todos sumamente amables. Casi todos traían cámara digital y un par de película, pero absolutamente todos traían cámaras desechables, parece que es lo de hoy. Siempre he tenido especial afecto por estas cámaras, pero procesar y escanear en México se ha vuelto complicado.

Después de un rato, Yuji me preguntó para dónde iba. Sin darme cuenta, ya me habían acompañado todos hasta mi estación de metro y se iban a despedir de mi. Yo iba preparado con algunas máscaras de luchador para regalarles, pero parece que no tenían idea de las luchas (es un gran mito mexicano). De igual manera les gustaron mucho, bromearon, se tomaron fotos y todos en grupo me despidieron como mamá que deja a su escuincle en el camión. Snif.

De ahí regresé al hotel para recoger mis cosas e ir hacia la estación de tren para ir hacia Hiroshima.

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Terminando el Instameet, de vuelta al hotel para recoger mis cosas e ir a la estación para tomar el tren a Hiroshima. Esa vez había aprendido la lección y preparé mi combo antes de subir al tren: un par de latas de cerveza de medio litro y algo de comer (ooootra vez sandwichito de pollo empanizado del 7Eleven).

La llegada bastante bien, salvo por los 40 minutos perdidos tratando de ver en cual camión debía subirme. Cabe destacar que entre más te alejas de Tokio, menos inglés hablan. El GPS decía que debía tomar un camión (el 53) y todos traían números, de plano no lo encontré y decidí caminar, mucho, cargando maleta, otra vez.

El hotel en Hiroshima bastante bien, hotel por fin y no cápsula, me sentí como en palacio con baño y regadera propios por primera vez aquí. Al alejarte más de Tokio, las cosas también son menos caras, como este hotel (irónicamente llamado Washington) y la comida.

Después de dejar mis cosas y descansar un ratito, salí en busca de aventuras. Bueno, comida en realidad.

El plato típico de Hiroshima es el Okonomiyaki que intentaré describir: el lugar tiene una plancha tipo Teppanyaki muy grande, y todos se sientan a su lado. El nombre viene de que le puedes poner todo lo que quieras y que está al grill, digo, eso dice Google y yo le creo. El caso es que hacen primero una especie de crepa en la plancha, también ponen verduras (lechuga y germen), carne por separado y alguna pasta tipo Ramen. Todo lo ponen a la plancha por separado. Al final, ponen también un huevo a medio revolver. Cuando todo está listo, lo arman tipo torre. La crepa hasta abajo, vegetales, pasta, carne y huevo, y después le ponen encima una salsa especial, tipo BBQ y cebollín, a todo le ponen cebollín. Una vez que está armado, te dan un plato, palillos y una tipo espátula, se estila que te dejan el Okonomiyaki en la plancha y uno va cortando pedacitos con la espátula y sirviendo en el plato, así eso siempre está caliente.

Después de comer, caminé hacia el Memorial de la Paz, vi el atardecer entre cerezos, vi a una señora poner una ofrenda en Monumento a la Paz y regresé al hotel.

En el hotel había regadera tipo japonesa y la amé, ya me está gustando esta ondita. La regadera es de teléfono, pero hay un espejo y un banquito, así que abres la regadera, te sientas frente al espejo y te bañas, digo, nada espectacular pero bañarse sentado está padre. Junto a la regadera, una tina increíble.

Ahora sí, a cargar pilas por que toca madrugar.

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La odisea de hoy es larga, así que hay que empezar temprano. 6am y ya de camino a la estación central de Hiroshima. Lo que más me gusta de esta ciudad es que todo es nuevo, las construcciones y calles son mucho más nuevas y le da un sentido muy distinto a como es Osaka o Kyoto, digo, nada en todo Hiroshima tiene más de 50 años.

Bien, el caso es que para llegar a Miyajima hay que tomar un tren y luego un ferry, hay que llegar temprano por que se llena de turistas y no se puede hacer fotos, al menos no lo que voy buscando.

Llegué a Miyajima, ya pasando el ferry antes de las 7 am, hace frío (tipo 5°C) y así empiezo a hacer mis fotos. El gran Torii sobre el mar y todo nublado. Largas exposiciones de 3-5 minutos y mucha paciencia. Todo cerrado y la gente que pasa, locales la mayoría, me ven con cara de "otro de estos". Al poco tiempo empiezan a llegar más fotógrafos y después grupos de turistas en caravanas de 50 ó más, lo hice bien, llegué a buena hora. Después de terminar mis fotos, caminé un buen rato por la isla y me topé cosas increíbles, los mejores árboles de cerezo de todo el viaje y algunos templos y pagodas bien bonitas, prueba de paciencia otra vez. Mi idea era hacer fotos de los puros templos sin gente, por lo que tenía que esperar a que no hubiera nadie, o que entendiera alguien lo que quería hacer y detenían su grupo para no atravesarse en la foto. Algunas tomas me costó esperar hasta 30 minutos, pero bien valió la pena. La isla de Miyajima es increíble. Pequeñas calles, templos y rincones perdidos. También hay venados, muchos. Se atraviesan en las calles o se acercan a las personas, pero no piden comida, supongo que están acostumbrados. En México ya estarían mal acostumbrados y estarían dando lata para que la gente les de de comer. Creo.

Cerca de las 2 de la tarde decido regresar, primero ferry, luego tren, luego caminata al hotel. Comida en un lugar cercano (arroz con res, ¡hey, le cambié al Ramen con cerdo!).

Después a dormir un rato, estaba molido, vi que en los trípticos de la habitación ofrecían masaje Shiatsu. Si lo ofrece el hotel, no hay lugar a sorpresas.

Después de dormir un rato, reservé el famoso Shiatsu, y salí a caminar otro vez hacia el Memorial, de noche luce espectacular, todo muy bien iluminado y lleno de cerezos a los costados del río.

De vuelta en el hotel, llegó con puntualidad inglesa la señora del Shiatsu, calculo entre 65 y 70 y como de 1.50m. Me mandó a poner una especie de shorts desechables en lo que puso su mesita, me acomodó y cubrió con toallas. Pum, salió Hulk. Lo que tenía de chiquita lo tenía de experiencia. El Shiatsu es un técnica de sanación corporal a base de presión sobre los músculos. Esta señora lo dominaba. Por momentos, con lagrimita y todo, me hizo pensar que se estaba vengando conmigo por la bomba o algo. Rudísimo. Al pasar exactamente una hora, me dijo que debería corregir mi postura (no shit, Sherlock) y asumió que había estado caminando mucho y con mucho peso en los hombros/espalda.

Se fué y después de un baño caliente, dormí como hace mucho no lo hacía, desperté como.con 10 años menos. Valió la pena el sufrir en la camita de masaje.

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Descansado y renovado, salí a lo último que tenía pendiente en Hiroshima, visitar el museo del bombardeo en Agosto de 1945. Uno cuando repasa el tema en la escuela y hablan de lo catastrófico que fue, nunca dimensiona las cosas. Al menos no yo. En mi mente, las bombas caen y luego explotan, cierto? Pues no la A-Bomb, o no sé las demás. La bomba primero explotó (a 600m sobre el suelo) y devastó todo a su paso. Todo. El museo es muy humilde (como todo en Japón), extremadamente silencioso, nadie hace ruido ni al caminar, es muy gráfico, y hace que se ponga la piel chinita en cada sala. Brutal. Al final, se camina por un gran ventanal que da hacia la explanada en donde está el Memorial, después un pebetero con una flama eternamente prendida y al final, a lo lejos, el domo del edificio destrozado que guardan de recuerdo, todo perfectamente alineado. Muy al estilo del memorial de Lincoln, la explanada y el obelisco en Washington, solamente que mucho más bonito (a mi parecer).

Algo bien interesante en el museo es un "reloj de la paz", que básicamente Cué ya los días transcurridos desde el uso de la bomba atómica sobre la población, que ya lleva mucho tiempo (que así siga), y otro pequeño con un contador de días desde la última prueba nuclear, con muy pocos días, ¡a ti te maldecimos, Korea del Norte!

Después de ahí, pasé a desayunar a unas hamburguesas de una especie de McDonald's que se llama Lottteria. Las hay por todos lados y de verlas se me antojaron. Estaban buenas, pero nada para la inmortalidad. De ahí, con un clima lluvioso, fui por mis cosas al hotel y preparar mi traslado hacia Yokohama.

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El viaje de Hiroshima a Yokohama debía ser de lo más tranquilo. Ya había tomado los Shinkansen (tren bala) antes, ya me "sabía mover" y conocía los trucos. Así que en camino a la estación pasé por algo de comida y cerveza y estaba listo para el trayecto.

Un poco antes de llegar, como a 45 minutos, llegan a pedir los boletos y yo enseño orgulloso mi pase JR. Este pase se compra con anticipación al viaje y es únicamente para turistas. Cuesta alrededor de 400 dólares para viajar por 14 días y con ese me había estado moviendo. Cubre toda la red de JR, que tiene estaciones en todas partes, algunos ferries (con ese atravesé a Miyajima) y muchas estaciones en Tokio. Básicamente, lo que haces es enseñar el pase en las entradas a las estaciones y te dejan pasar sin problemas. Es bastante útil y una recomendación obligada y para quien viaja a Japón. Prácticamente se paga solo. La única restricción es que no puedes usarlo para los trenes de compañías privadas, esos trayectos no los cubre.

Exacto, tomé mal el tren a Yokohama y cuando me pidieron mi boleto todos nos dimos cuenta. El verificador hizo un gran esfuerzo por explicarme qué esa línea no la cubría mi pase. En mi mente solamente pasaban números de a) cuanto me iba a costar el boleto y b) de cuanto iba a ser la multa. Después de subrayar la parte en mi pase donde dice claramente que no lo cubría, mi dijo que no lo volviera a hacer. Ahí quedó todo.

Cuando llegué a Yokohama, junto a las salidas donde piden los boletos vi que había una oficina de JR, mostré ahí mi pase y pude salir sin problemas. Lo que entendí es que los trenes usan las mismas vías, quizás era cuestión de haber esperado al siguiente tren y listo. Pero en fin, no estuvo tan mal.

La llegada a Yokohama fué espantosa. Estaba lloviendo y, aunque yo iba preparado con mi paraguas que compré en el Acuario de Osaka, eso de caminar con lluvia y cargando maletas es de lo más incómodo. Si a eso le sumamos que las instrucciones del GPS no son del todo claras y que a veces su margen de error de 15 ó 20 metros pueden hacer las cosas desastrosas. Como en este caso que me mandó a cruzar la calle por un pasaje "secreto". Resulta que sí de por sí en Japón si todo parece abrumador y complicado, tienen ciudades debajo de la tierra en todas partes, desde para cruzar una calle o debajo de las estaciones de metro. Siempre hay pasillos enormes llenos de lugares para comprar y comer. El equivalente a Perisur debajo de la tierra y solamente para cruzar una o varias calles. Es impresionante la infraestructura. El caso es que me mandó a perderme por ahí (cuando ahí ni señal de GPS hay) y caminé por 45 minutos un trayecto de apenas 10.

En fin, llegué al hotel (de vuelta a las cápsulas) y estaba bastante bien. Esta vez el uniforme (por que en cada hotel te dan tu pijama con la que puedes andar por todas las áreas públicas) era café y me sentí como en cárcel. El hotel me dio un pase por una cerveza y Otsunami (botana que se acostumbra junto a los tragos) en cortesía. El día lluvioso y yo cansado, decidí quedarme a descansar el resto del día. Como particularidad, este hotel tenía un buen spa (como todos) sauna y jacuzzi hirviendo y todo el show pero era el mismo para hombres y mujeres. No que fuera mixto, sino que había horarios para usarlo, así que si me quería bañar en la tarde, debía esperar a que fueran 6.30 para poder entrar. Mñé.

La cápsula otra vez era grande y con un privado pequeño donde pude aventar mis cosas. En la noche salí a buscar algo de cenar y encontré un "American Diner", donde servían hamburguesas sin pan y noodles, no encontré lo americano, pero estuvo bueno. Comer carne de hamburguesa, que aquí le dicen nada más "Hamburg" con palillos fue todo un reto.

Después de eso fui a bañarme (por fin) me puse mi uniforme y fui un rato a planear mi día sábado una sala de descanso. Ahí tenían sillas de masaje, luz tenue y mil libros de manga "comics" para escoger. Creo que ese tipo de salas son bastante comunes en todo Japón.

Después de eso reclamé mi cerveza y botana y me fuí a dormir.

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Ese día me levanté muy temprano y fui a la estación para tomar un tren a Kamakura. Ahí, además de muchos templos budistas, hay una gran estatua de Buddha a la que le quería tomar una foto (y mi respectiva selfie).

Todo iba muy bien hasta que el tren paró dos estaciones antes de donde según yo iba y anunciaban que iba de regreso, yo no entendía nada (como todo el tiempo). El caso es que me bajé y traté de entender las pantallas (en puro japonés, obvio no entendí nada) y viendo el GPS y volteando para todos lados. Pasa que cuando te alejas un poco de los sitios más turísticos dejan de haber señalamientos en inglés y los trenes dejan de ser bilingües. El caso es que en mi desesperación, un tipo bajó de su vagón y muy seguro como profeta me dijo que yo iba a Kamakura, que debía tomar el tren de otra plataforma y que llegaría en 5 minutos, entonces se regresó a su vagón y su tren se fue. Sentí lo mismo que Juan Diego. Además me lo dijo en inglés y sin preguntar nada, todo fue afirmación.

Hice lo que dijo y llegué sin problemas a Kamakura. Después de sufrir para encontrar el camino al templo Kōtoku-in a ver al Gran Buddha. Impresionante. Pude estar ahí en paz una media hora hasta que empezaron a llegar, literal, camiones llenos de turistas (por que yo a estas alturas ya me sentía como local, obvio). Fuí de ahí a otro Templo (Daihonzan Kofukusan Kenchō-ji), y por querer ahorrarme un par de Yenes y pasar por la típica calle turística con miles de tiendas de souvenirs, la sufrí mucho. Hacía calor, era de subida a un cerro y mi mochila pesaba más de la cuenta. Tres kilómetros del terror. Llegué al templo, bien bonito otra vez, par de fotos, me tocó ver pasar a un par de monjes por ahí y de regreso a la estación para volver a Yokohama.

En el hotel de vuelta a descansar un rato y armarme de valor para salir en la noche. En la zona del puerto hay un pequeño parque de diversiones con una rueda de la fortuna bastante grande y quería hacer un par de fotos ahí. El tema es que estábamos como a 5°C y llovía. Yo no iba preparado para ese frío. Ni modo, a tomar metro y caminar para llegar ahí. El lugar padre, aunque vacío por el clima. Subí a la terraza de un centro comercial que ya había identificado desde antes de salir de viaje por Google Maps. Había visto ese lugar como opción para tomar mi foto, solamente tendría que lograr llegar ahí y lidiar con seguridad. Cosa que no pasó. Llegué y estaba vacío, puse mi cámara por fuera del barandal de un tercer piso (eso sí, la amarré, no fuera a pasar un accidente) y estuve haciendo fotos como por media hora. Exposiciones largas de 4-5 minutos y nadie que me diera lata. Eso en México es impensable. Hacer fotos con un tripié sin que llegue algún tipo de policía/vigilancia/seguridad es imposible.

Después de eso fuí a Starbucks en la misma plaza por un té caliente y una dona. Moría de frío. Fue la primera vez que pagué por algo en Starbucks sin mis tarjetas de "desayuno americano". Casi mil Yenes por un té y una dona. Eso son 170 pesos. WTF con tus precios, Japón? Ahí vi por que nadie pide Venti ahí, además, hay un tamaño más chico que el Alto, se llama Short.

De ahí de vuelta al hotel a bañarme (sauna y jacuzzi incluidos en el proceso). A preparar mis cosas para salir, por fin, a Tokio a la mañana siguiente.

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El jueves me levanté tarde y traté de descansar lo más posible, traté de que fuera un día para reponerme un poco de las desveladas, desmañadadas y mucha caminata.

Viajé hacia Tokio, unos 45 minutos en tren, y fuí directo al hotel. Traté de hacer mi check-in, pero no me dejaron hasta las 5pm, así que busqué un café cercano para pasar el día. Si, pagué otra vez cerca de 5 dólares por un café americano en una cafetería en una esquina. Para algunas cosas puede ser muy caro Japón, el café por ejemplo. Pude costar lo mismo una taza de café que un buen plato de noodles. O dos viajes largos en metro.

En el café pude ver como muchas de las cosas de rutina y vida diaria en Japón están diseñadas para una persona, es decir, para consumidores solitarios, y no en grupo como acostumbramos en México. Por ejemplo, los cafés o restaurantes tienen casi todas las mesas y los muebles diseñados para una persona, barras largas con vista a la calle, en vez de mesas cuadradas o salitas como solemos ver en México. Acá, por ejemplo. Hay series de sillones en Starbucks pero todos con una mesa individual y viendo a la calle. Lo mismo con los restaurantes, largas barras en donde tocas un botón y te atienden, incluso hay restaurantes que tienen divisiones individuales en las barras, de manera que te sientas entre dos pequeñas paredes y no ves ni convives con nadie.

Salí de ahí y fuí a hacer mi check-in, visitar el spa (sí, son de esas cosas que voy a extrañar mucho) y a descansar. A propósito no quería hacer nada para, de plano, no conocer ni los alrededores del hotel para salir el día siguiente y explorar, empezando por ahí, todo Tokio durante 24 horas.

Ese día, escribí un pequeño post en Facebook explicando que y porque estaba en Tokio. Fue increíble leer tanta muestra de afecto y soporte para hacer este proyecto, no lo esperaba así. Gracias infinitas :')

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8am, despierto y ¡qué nervios! La noche anterior, saqué un mapa de papel que tenía de Tokio e hice un pequeño plan, donde iniciaría y lo que recorrería. El mapa no tenía calles ni líneas de metro, únicamente marcaba los lugares más importantes y traté de hacer algo desde ahí.

A las 8.40 salí del hotel y caminé un rato para llegar al mercado de pescados de Tokio. Al principio, conforme me acercaba, sentía cierta hostilidad, y al no ver claramente una puerta, me metí por uno de los andenes de carga y descarga. Para la gente que ahí trabajaba le daba igual, era otro turista más en busca de aventuras, para ellos otro día de trabajo. Debo reconocer que, a pesar de ser uno de los mercados de pescados y mariscos más importantes del mundo, no olía para nada mal. No olía a pescado, punto. Estuve poco más de una hora recorriendo los pasillos entre hielo, pescado y comerciantes malhumorados, pero nada mal. En un andén, me topé muy de cerca con un señor de peinado muy particular y entre señas accedió a que le tomara una foto. Después, otra vez vi que llegaban los camiones de los tours y pensé que era buen momento para salir de ahí, seguí caminando, encontré un pequeño templo budista en donde me detuve unos minutos y encontré donde desayunar. Arroz con un pedazo de pollo empanizado encima y una salsa rica, junto un huevo crudo. Se estila poner un huevo crudo sobre algunos platillos calientes y "se cocina" con este calor. No sé si cambie mucho el sabor, pero sí la consistencia del plato, estaba bueno.

De ahí empecé a caminar hacia el norte, pasando por Ginza, una especie de 5a Avenida donde hay un sinnúmero de tiendas de diseñador y gente vestida para la ocasión. De ahí seguí caminando, tomé el metro a Tokyo Station, y caminé hacia el Palacio de Tokyo. Todo iba de maravilla, pasaba medio día y me sentía bastante bien. De ahí me moví a Akihabara, un barrio conocido principalmente por albergar a los héroes de la ciudad. Sí, hay muchas tiendas de electrónica, videojuegos y sobretodo de las tarjetitas coleccionables con que juegan los geeks. Cómo no entendí nada, y el lugar realmente no fue mi hit, me empecé a mover hasta encontrar otro Templo. Es lo padre de todo Japón, hay templos en todas partes y todos son muy distintos, son buena opción para explorar. Supongo que lo mismo han de decir los extranjeros que visitan México, que está lleno de iglesias y que todas son muy distintas unas de otras.

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Decidí comer en las afueras de Akihabara, y volver a tomar el metro. Uno de los muchos beneficios del pase de JR para tren/metro es que puedes abordarlo las veces que quieras. Esto hizo para mi la diferencia este día que todavía lo tenía vigente y decidí moverme hacia el parque Ueno. Aunque en tamaño no tiene nada que ver, me recordó mucho a Central Park en NY. Este parque tiene dos templos (uno budista y otro sintoísta), dos museos y un zoológico (y un Starbucks en el mero centro). En el parque se puede ver de todo, además de muchos turistas. Hay gente leyendo, gente debajo de los últimos cerezos que quedan de la temporada, gente dormida, caminando, jugando. Comencé a seguir uno de los flujos de personas y llegué a la entrada del templo sintoísta. Algo que me llamó mucho la atención es que los japoneses son muy religiosos, yo no lo esperaba así. Mientras estaba en la entrada del templo (cerrado para visitas) vi como entre las hordas de turistas llegaban también locales a hacer sus oraciones. Reverencia, reverencia, aplauso, aplauso, oración, reverencia, reverencia. Me gustó ver que algunas veces, mientras esto sucedía, algunos turistas dejaban de hacer sus selfies para guardar respeto a los que iban a rezar. No todos, no siempre.

Después de un rato en el parque, decidí moverme nuevamente. En el mapa de papel tenía marcado como siguiente destino: Shinjuku.

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Bien, llegar a la estación de Shinjuku es fácil. Salir de ahí no tanto :( Aunque había previsto navegar únicamente con mapa de papel durante todo el día, no contaba con que iba a estar 40 minutos perdido dentro de la estación sin poder salir. En Japón las estaciones de metro suelen tener encima (o debajo) un gran centro comercial, el de Shinjuku es brutal. Escaleras por todos lados, anuncios de "Exit" por aquí y por allá y después de perder casi una hora tratando de salir hacia donde yo quería, me desesperé y se lo dejé al GPS, que al final me sacó a otro lado. En fin, eso estuvo padre por que me mandó hacia el lado opuesto, hacia una universidad donde enseñan diseño y arquitectura (eso entendí por los pósters que vi). Lo interesante aquí fue ver el desfile de moda a la hora de la salida. Realmente algo espectacular.

Después de ubicar que estaba en el lado equivocado, le di la vuelta a la estación (no quise intentar cruzarla por dentro) y fui hacia un pequeño conjunto de callejones estrechos, lleno de bares muy pequeños (capacidades entre 4 y 10 personas) que se llama Golden Gai. Mal. Llegué demasiado temprano y evidentemente no había mucha acción. De ahí fui hacia el área famosa de Shinjuku, una especie de zona de tolerancia llamada Kabukichō. No es propiamente un red light district, más bien es un barrio con cientos de lugares de entretenimiento, donde hay gente entrando y saliendo por puertas a pasillos obscuros y cientos de "promotores", en su mayoría africanos, que tratan de hacerte plática para meterte en alguno de esos bares. Algo parecido a la Zona Rosa en el DF, o a la Costera en Acapulco. Todos te quieren abrazar amigablemente o darte tarjetitas y meterte en alguno de estos bares. Aquí los audífonos y mi cara de turista me sirvieron mucho. Tratan de hablarte en todos los idiomas hasta que les hagas caso, aunque levantar un poco la cámara los pone nerviosos y hacen que se alejen. Además, las cámaras están prohibidas en esos bares y eso los desalienta un poco. Aunque eso cambia la actitud amigable a una más hostil, no se siente la libertad para hacer fotos como en el resto de Tokio o Japón.

En cuanto empieza a anochecer, llegan multitudes de japoneses al lugar. En su mayoría "sarariman", que es la adaptación al japonés de "salary man". Godínez, pues. Llegan todos en busca de diversión (que hay para todos los gustos). Para mi, lo más interesante es lo que pasaba en las calles. Cientos de gente cruzaban la calle desde la estación del metro hasta esta zona, y también se veía de todo. Desde hombres trajeados, chicas con misteriosas minifaldas llegando en elegantes taxis, cientos de turistas buscando el edificio con el Godzilla viendo hacia los cientos de anuncios de luz neón.

Para hacer todo más irreal, se pasean también por aquí los Go-Karts de gente disfrazada. Es un gran espectáculo quedarse sentado en la banqueta a ver gente caminar. Es la locura. Aquí pasé un buen rato, para después moverme a otro crucero increíble, el de Shibuya.

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El crucero de Shibuya es, estadísticamente, el cruce peatonal más transitado del mundo. Hay quienes hablan de que en un solo lapso de semáforo cruzan alrededor de 1,500 personas. No se si este número sea real, pero sí es toda una multitud. Hay 5 calles que convergen ahí, además de la gente que salen de la estación de tren, famosa por el perro que esperaba a su dueño ahí todos los días; Hachiko.

Cada que los semáforos, perfectamente sincronizados, empieza el espectáculo. Gente cruzando en todas direcciones, incluyendo diagonales. Además de cientos de locales y turistas tomándose una foto en el centro al cruzar. No se como sucede, pero no se ve que la gente choque mucho en el cruce. En la parte superior de una de las esquinas, a manera de palco, un Starbucks eternamente lleno desde donde se puede ver todo desde otra perspectiva.

Aproveché el rato que estuve ahí para hacer algunas fotos, tratando de salir de la clásica panorámica, para intentar algo muy a nivel de piso y a velocidades bajas. Hubo una foto que especialmente me gustó, una chica de vestido rojo, seguida por más personas en tonos obscuros, perfectamente iluminada por los autos que esperaban su turno para cruzar. Al momento de verla, pensé en Dorothy camino a Oz e hice la foto.

Después de estar ahí un rato, vi algo que no esperaba: un tipo que se disfraza de Stormtrooper sobre Av. Madero en el DF. Sí, era el mismo, platicamos un poco y me dijo que se dedicaba a viajar por todo el mundo y que vive de lo que la gente le da de propina por tomarse fotos con él. Y uno trabajando para poder salir con los gastos. Meh.

Después de mi corta visita a Shibuya, decidí volver a Shinjuku, quería volver a hacer algunas cosas con los letreros en los callejones ya más avanzada la noche. La verdad es que no cambió mucho, a pesar de ser más tarde. Siempre hay gente ahí entrando o saliendo a los bares. Cambiando de uno a otro, y conforme avanza la noche, van saliendo los japoneses con una sonrisa de innegable estado etílico. De ahí, todos se dirigen a alguno de los restaurantes de la zona, que por lo general sirven Ramen, en donde hacen una escala para volver hacia la estación de metro. Yo hice lo propio, escala en un restaurante y de vuelta al metro.

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Al tomar el metro, tenía intención de volver a Akibahara, el barrio geek, pero por venir platicando en WA, me pasé de estación y me di cuenta hasta Tokio Station. Mal. Me bajé del vagón para intentar tomar uno que me regresara y fue imposible. A esa hora (cerca de las 12am) todos los japoneses se apresuran a tomar su metro que los lleve a casa y es donde pierden toda muestra de civilidad. Ahí es donde pierden todo el glamour y parece que llevan toda su vida entrenando en Pantitlán en hora pico. Cuando el vagón está lleno y es notorio que no cabe una persona más, brincan otros 4 ó 5 valientes más y tratan de subirse, el personal de la estación, muy uniformados y con guantes blancos, tratan de darles el servicio empujándolos hacia adentro. Primero los hombros, cadera y después intentando meter las extremidades que quedan afuera. Pude ver, en un par de ocasiones, como se cerraban las puertas y quedaban de fuera una pierna o un brazo cargando un portafolios, y los guardias iban y trataban de acomodar a las personas. Después de dejar pasar varios trenes, me di cuenta que iba a ser muuuy complicado tomar el metro en cualquier dirección, así que caminé para salir de la estación al momento en que se iban apagando las luces detrás de mi. Bien, no más metro por el día de hoy, así que tendría que caminar, así que tomé camino hacia la zona que mejor conocía, que era la de mi hotel.

En el camino vi algunas cosas interesantes como una o dos parejas abrazándose (cosa que es muy extraña en Japón, ahí no hay muestras públicas de afecto), japoneses que era evidente que venían de divertirse en algún bar le hacían la parada a los taxis y estos decidían no detenerse. Me sentí también muy ambientado en México. A esa hora, cerca de la 1am, las calles se vaciaron. No había prácticamente nadie, salvo una Geisha que salió con bastante prisa de un hotel para caminar un par de cuadras y perderse entre los callejones, a la que aproveché para hacer una foto. Fue la única que vi en Tokio durante el tiempo que estuve ahí. De ahí al hotel, caminé por un buen rato sin ver gente, salvo los equipos de servicios públicos que arreglan las calles en las noches. Dado el éxito obtenido, decidí hacer una escala en el hotel para descansar un poco y volver a salir más tarde.

Cerca de las 4am y con nuevos bríos después de acostarme unos minutos, tomar agua y cambiarme de playera, salí nuevamente a la calle. Esta vez caminé en dirección opuesta, hacia el sur. Poco a poco se veía más gente. Algunos empezando a hacer repartos a tiendas, otros saliendo a correr, otros todavía regresando de la fiesta.

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Pocos minutos después de las 5am empieza a amanecer WTF! es demasiado temprano como para que salga el sol, pero bueno, eso fue mi pauta para acelerar el paso. Sabía que en el sur había un puente famoso, el Raimbow Bridge) y pensé que sería buena idea hacer algunas fotos del amanecer ahí. Pues sí, y no.

Llegué apenas para lograr hacer un par de fotos con la salida del sol sobre el mar, eso está bien, pero mi inocencia decía que sería padre hacer fotos desde el puente. Obviamente estaba cerrado para los peatones, así que tuve que conformarme con hacer algunas fotos desde abajo.

Después de hacer fotos ahí y ver como amanecía, decidí volver al metro para ir otra vez hasta Shibuya. Quería ver el lugar vacío, así que tomé el metro cerca de las 6am, ya con completa luz de día. Ese fue de mis viajes en metro más entretenidos. Se puede ver una mezcla bien interesante de la gente que va con la que apneas regresa. Gente arreglada, de camino a trabajar, hombro con hombro de gente saliendo de la fiesta y queriendo regresar a casa. Todos muy ordenados, sentados (dormidos) en los silenciosos vagones. Si de por sí se siente un silencio incómodo en todos los viajes de metro o tren, el de Tokio a esa hora en sábado era brutal. Nadie habla, no suenan celulares, nadie ronca. Únicamente se escucha el paso del vagón sobre las vías.

Llegando a Shibuya, y para mi sorpresa, me di cuenta que ese crucero no duerme nunca. No eran ni las 7am y ya se podía ver el pasar de grupos en el crucero. No serán los miles que se ven durante la tarde, pero sí se ven varias decenas. Algunos todavía con vasos de la fiesta, otros con paso apresurado por ir a trabajar, pero no hay manera de ver ese crucero vacío.

Decidí que ese sería buen momento para visitar el Starbucks que sirve de mirador y me di cuenta que es de los peores Starbucks que he visitado. No estaba sucio ni mucho menos, pero es tal la cantidad de gente que atienden que su menú es muy limitado (8-10 bebidas) y únicamente las sirven en tamaño Short. Después de desayunar y ver que realmente la vista desde ahí no es nada espectacular, decidí empezar el camino de vuelta al hotel. Mis 24 horas estaban terminando.

Al llegar al hotel, pasé todo el sábado ahí entre jacuzzi, jetitas y visitas ocasionales al 7Eleven por algo de comer. Había sido un día pesadísimo y necesitaba descansar.

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Después de descansar todo el día, el domingo ya estaba listo para la acción. Había recibido un mensaje de Tomo, un ejecutivo de Fujifilm en Japón, en el que nos veríamos a medio día para hacer una especie de tour.

Aunque quedamos de vernos a la 1pm, a mi ya me picaba la cama y salí temprano a hacer fotos. Esa noche había recibido una foto por Instagram por parte de mi hermano. Vio una foto que le gustó que alguien hizo en Tokio y me la mandó para darme una idea. La foto era, en apariencia, bastante simple; una larga exposición sobre un puente en el Río Meguro que atraviesa por Tokio y las hojas caídas de los cerezos pintaban todo el río de rosado. No parecía nada complicado, así que busqué en el mapa (bendito Google Maps y su Street View) donde era la zona y salí temprano hacia allá.

Llegando, el clima era espectacular, hacía mucho sol y el ambiente muy dominical, con gente paseando alrededor del río, había puestos de comida en la calle y todo aparentemente muy festivo. Antes de hacer la foto, decidí pasar al 7Eleven, digo, si iba a hacer una larga exposición en pleno sol, necesitaba una (o dos) cervezas como compañía. Bueno, dos cervezas y una lata de Gin&Tonic. Esa es de las cosas más divertidas de Japón, puedes beber en vía pública sin que nadie te de lata.

Y así es como puse mi mochila en el piso, la bolsa con las cervezas ahí junto, saqué mi cámara, puse el lente, llevé la cámara hacia mi ojo para hacer un par de pruebas de la perspectiva (todo esto con los codos recargados en el barandal del puente, con el río abajo. Ahí fue donde sentí como de pronto mi cámara pesaba menos y escuché un profundo splash debajo de mi. Sí, el lente se separó de la cámara y ahora estaba en el fondo del río. Ahí me pasó todo por la mente. Nunca había tenido un accidente similar, por lo regular suelo ser bastante cuidadoso con eso. Todo mal. Para hacer el cuento corto, puse mis cosas en una orilla del canal y bajé por una pequeña escalera de marinero que estaba en la orilla del río, arremangué mis pantalones como Tom Sawyer y me metí al río ante los ojos asombrados de los japoneses. Hice lo mío, entré y salí en menos de un minuto y afortunadamente nadie llamó a la policía; ese era mi mayor temor.

Y así es como guardé todo, me tomé las cervezas y el gin del puro coraje y busqué un supermercado para hacerme entender que necesitaba una bolsa de arroz. Metí el lente todo el día dentro de la bolsa de arroz y lo cargué durante todo el méndigo día.

Plot twist: ya no volvió a funcionar :(

Evidentemente no tengo fotos de ese día, más que la del puente de donde se me cayó el lente y donde me tuve que meter a rescatarlo.

Después de eso, muy enojado, fui a encontrarme con Tomo. Él tenía ya armado un plan, así que fuimos a Sensō-ji (el templo budista más importante de Tokio, en el barrio de Asakusa). Ahí fuimos a hacer una oración al templo y se sorprendió de mi uso del "aplauso, aplauso, reverencia, reverencia, aplauso, aplauso" para rezar (digo, llevaba 15 días practicándolo. Después del templo fuimos al SkyTree de Tokio, la segunda estructura más alta del planeta (con 634m), únicamente por debajo del Burj Khalifa en Dubai.

Después de estar por ahí un rato y escuchar, de voz de un japonés la explicación de muchas dudas que yo tenía en cuanto a geografía, historia y cultura. Sí, tenía muchas preguntas y finalmente pude platicarlas con alguien para resolverlas. Finalmente, fuimos a cenar en la noche a un lugar de BBQ japonés. Este tipo de restaurantes se caracteriza por ser de mesas redondas, con un gran extractor de humo al centro. Al ordenar, traen un especie de asador/parrilla y la carne cruda en platitos, uno la va poniendo a coser a su gusto. La verdad es que fue una experiencia increíble. Al menos ese día no batallé para pedir cerveza y que nadie me pelara. Tomo se encargó de eso sin problema.

Al final, en agradecimiento, le regalé un par de máscaras de luchador, cosa que agradeció infinitamente.

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El siguiente día, lunes, lo aproveché para buscar algunos souvenirs y cosas mucho más turísticas de vacaciones. A medio día me buscó Tomo para decirme que tenía cita en el centro de servicio técnico de Fujifilm para llevar mi lente a que lo vieran, como estaba medio lejos tuve que correr para recogerlo y de ahí tomar un taxi al corporativo de Fuji. Los taxis, además de tener todas las comodidades del mundo así como cobro con tarjeta, puerta automática, y servicio impecable, no son impagables como las leyendas urbanas, pero tampoco son baratos. Pagué algo así como 12 dólares por un trayecto de 2km y 15 minutos. No fue tan caro, ni lo tenía contemplado, pero la esperanza de recuperar mi lente lo valía. Al final, lo revisaron por encima y me dijeron que mandarlo a revisión a la fábrica tomaría 10 días, mismos con los que no contaba, así que di las gracias y me fui. En la planta baja del edificio de Fuji tienen un pequeño museo de equipos fotográficos muy antiguos de varias marcas, una galería con buenas fotos y un showroom con productos de fotografía muy completo. Sí, la jugueteríaa completa.

Ese día lo pasé básicamente buscando recuerdos y algo bueno que comer, un poco estaba cansado todavía de las fotos por 24 horas, así que regresé al hotel para descansar, cargar pilas y bañarme. Había pronóstico de lluvia y yo quería hacer fotos de noche y lloviendo en Tokio.

Fui hacia el SkyTree y busqué un buen lugar para hacer una foto en dónde se viera tanto la torre de lejos como la vida de Tokio de noche. Después de mucho caminar, encontré un buen punto y esperé un buen rato para hacer la foto que tenía en mente. Después volví al templo budista. Fue una caminata larguísima pero valió mucho la pena. Llegar al templo prácticamente vacío pero muy iluminado, con algo de lluvia fue algo increíble. Honestamente creo que se disfruta mucho mejor así este lugar que con las miles de personas tratando de rezar o comprando recuerdos en las cientos de tiendas que hay en toda la periferia.

Estuve por espacio de una hora ahí, haciendo algunas fotos panorámicas del templo y algunas otras en los callejones cercanos. La manera en que están iluminados y el constante paso de la gente escondiéndose de la lluvia me dieron oportunidad de hacer algunas fotos interesantes. Es aquí donde realmente le puedes sacar provecho a una cámara como la T2 y los tres lentes WR. ISOs altos, resistentes al agua y gran definición de color. Eso es todo lo que había pedido siempre y que ahora me lo dieron esta cámara y lentes. El no tener que estar con el pendiente de que se moje el equipo da una visión interesante para hacer fotos lloviendo y de noche.

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Es martes, me quedan un par de días nada más en Tokio y hay que aprovecharlos. Me recomendaron ir a la zona de Harajuku para hacer algunas compras y pasar la mañana, así que decido ir hacia allá desde temprano. Harajuku es un barrio en Shibuya, cerca del famoso crucero, en donde hay tiendas de ropa, accesorios, disfraces, cosas Kawaii y mucha comida. En cada esquina hay pequeñas tiendas de crepas, helados, algodones de azúcar y cualquier cantidad de comida rosa por lo general, o al menos con mucha azúcar y cosas de colores pastel. La gente que visita el lugar son; o turistas que van tomando fotos en cada metro que pasan o
japoneses vestidos de las formas más diversas, jóvenes por lo regular.

Donde sucede toda la acción es una calle peatonal de unos 150 metros y a los lados hay tiendas por todos lados. Después de pasar un rato ahí, empecé a caminar hacia la calle principal, una avenida grande que va a dar hasta el mismísimo crucero de Shibuya. En esa calle hay todo tipo de tiendas y boutiques, sobre todo marcas grandes de ropa y accesorios. Aunque mi intención era meramente caminar (un poco ya estaba cansado de hacer fotos tantos días seguidos), me llamó mucho la atención la manera en que vestían los japoneses. Esa calle es literalmente una pasarela. Toda la seriedad con la que visten los “sarariman” aquí se olvida. En su mayoría gente joven, pareciera que todos tienen un sentido muy particular de la moda. Se pueden ver combinaciones de falda de animal print con zapatos de peluche rosa, niñas vestidas como salidas de un cómic con falda de holanes y medias blancas y mochilas de animal de peluche y cosas así. Lo que más me llamó la atención es la moda de las mujeres, bastante sobria, en su mayoría en diseños sólidos y sin estampados, pero sobretodo es notorio que la ropa es cómoda y funcional. Pasé en buen rato ahí haciendo fotos tipo streetstyle de la moda que más me llamaba la
atención.

Después de eso, pasé a comer y caminé hasta el crucero de Shibuya para hacer algunas fotos en la tarde y de ahí de vuelta al hotel. Quería descansar un rato por que en la noche tenía pendientes un par de fotos.
En la noche volví al puente cercano desde donde se ve el Skytree a lo lejos, pero esta vez caminé mucho menos por que tenía claro a donde iba. La noche anterior había intentado hacer algunas fotos de larga exposición con las luces de los coches, pero era medio tarde y ni coches pasaban, así que volví a intentarlo y el resultado fue mucho mejor. Regresé medio temprano a dormir por que el día siguiente, mi último en Tokio, necesitaba despertarme muy temprano por que finalmente había conseguido como hacer algunas fotos en un entrenamiento de Sumo.

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Desde que empecé a planear el viaje a Japón, contacté a alguien en Tokio para que me ayudara a contactar a los establos de Sumo y poder ver el Keiko (el entrenamiento por las mañanas). Desafortunadamente, después de mucho insistir (al menos eso me dijeron) no fue posible conseguir que me dieran chance de entrar y hacer algunas fotos. Este era uno de los propósitos personales de mi viaje, así que estando allá todavía hice personalmente el intento. El tema es que todo el mundo del Sumo es muy hermético y tratan de mantenerlo lo más discreto (y alejado de los turistas, supongo) posible. Encontré en internet un establo que ofrece la oportunidad de ver su entrenamiento (cuando hay) desde la ventana que da a la calle. Un día antes, logré darme a entender con alguien del hotel para que me ayudara a llamar al establo y preguntar si habría entrenamiento el día siguiente. Era mi último día en Tokio y era mi última oportunidad.

Para mi fortuna, sí había entrenamiento, pero sería a las 6.30am en vez de 7.30 como los tienen regularmente y están anunciados en la página. Esto, con toda la flojera que representaba madrugar, me daba una gran oportunidad, no habría tanta gente en la mañana, supuse que no muchos hablaban antes.

Me levanté muy temprano, tipo 4.30, para bañarme y salir corriendo hacia la estación de metro. El establo me quedaba a 1 hora entre caminatas y metro, así que no había más que madrugar. Al llegar ahí, minutos antes de las 6, ya estaba un luchador joven (Rikishi), mucho más esbelto de lo que yo tenía idea y estaba limpiando el dohyō, rociándolo con sal y agua a manera de purificación y alistando todo. Poco a poco otros luchadores iban llegando en sus bicicletas, vistiendo únicamente una bata (yakuta) y sandalias. Al entrar al establo, se quitaban la bata, ponían su tradicional cinturón (Mawashi, que es el mismo que usan toda su vida y no lo lavan, cuestión de creencias), y así brincar al dohyō para iniciar calentamientos y entrenar. Algunos otros de plano llegaban a pie ya enfundados en su cinturón caminando plácidamente por la calle. Al principio, las ventanas estaban cerradas, lo que hacía complicado tener una buena foto debido a los reflejos (aproveché para hacer una especie de autorretrato) y después las abrieron. Poco a poco subía la intensidad del entrenamiento, que consistía en una especie de gol-para. Iniciaban dos un duelo y quien perdía salía para que entrara un nuevo retador, y así por espacio de una hora. Poco tiempo después de las 6.30, ya eran unos 10-12 Rikishi en un espacio muy reducido, y abrieron las ventanas (¡Por fin!) y poco a poco la pequeña calle empezó a llenarse. La pared del establo (donde estaban las ventanas) estaba llena de bicicletas, a mi me dio la impresión que algunas ni servían y estaban ahí para que la gente no se amontonara. En fin, la calle era muy pequeña y habíamos ahí cerca de 30 curiosos. Cuando trataba de pasar un coche o camión de reparto, nos teníamos que quitar y reacomodar. Al final pude estar ahí como una hora haciendo algunas fotos cómodamente. Poco a poco fueron llegando personas como el entrenador (que nunca habló durante el entrenamiento, muy japonesa la onda, pues, puro control mental), y un par de personas que me dio la impresión que eran como promotores. Todos ellos se fueron sentando en una banca que había en el establo, sí, la que daba a las ventanas y era imposible seguir viendo hacia adentro, así que decidí que era buen momento de salir de ahí.

Me fui satisfecho por que pude hacer algunas fotos, pero con ganas de poder haberme quedado todo el entrenamiento y hacer algunas fotos desde adentro.

Cuando viajábamos con mi papá, él siempre decía que había que quedarse con ganas de algo, para así tener pretexto de volver. Bien, Keiko es esa parte con la que me quedé con ganas y me gustaría volver para intentar hacer fotos nuevamente.

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Después de las fotos en el establo de Sumo, estaba hambriento y desmañanado. El último día iba a ser tranquilo. En esencia comprar algunas cosas que me hacían falta, hacer maleta y cosas así.

Cuando salí temprano en la mañana hacia el Sumo, revisé en Google cuanto me costaría llegar al aeropuerto el día siguiente y aparté ese dinero exacto, con lo que me quedaba, tenía que sobrebivir el último día. No estaba tan complicado. Mi tema es que no quería volver a sacar dinero del cajero para quedarme después con él y perder en el tipo de cambio en el aeropuerto. No es como que llevara millones de Yenes, pero siempre se siente feo perder en el cambio de moneda. Así que hice mi presupuesto y tenía algo parecido a 30 dólares para sobrellevar el día con comida y transporte. Ese era más o menos mi promedio diario de gastos en 20 días, así que no había mucho problema, cierto?

Después del Sumo fui otra vez a la zona de Harajuku, ahí había mil tiendas y podía comprar las cosas que me faltaban. Pasé el día turisteando y caminando por ahí, y en una tienda donde compré un regalo (que tenía previsto pagarlo con tarjeta) y pagué en efectivo. Gasté ahí casi todo lo que me quedaba y ahora tenía como 5 dólares. Salí y busqué un 7Eleven para sacar dinero y el cajero declinó mi tarjeta. Sin paniquear, busqué otro 7Eleven y lo mismo por otros tres cajeros más. Ups, problemas ahora sí. Estaba en una encrucijada: regresar en metro al hotel y no comer nada o buscar que comer y volver a pié (5km). Las dos opciones eran malas por donde las viera. Traté de buscar como llamar al banco y no traía monedas para marcar ni mucho menos tenía idea como marcar al banco, además que por el cambio de horario nadie me iba a hacer caso. Me desesperé y no sabía que hacer.

Todavía me faltaba comprar un regalo, así que entré a una especie de tienda departamental de siete pisos, y después de subir todos, me di cuenta que era únicamente de ropa y accesorios para mujer (había otro edificio de hombres) y en el 7mo piso había escondido un cajero junto a los baños. Hice el intento y por fin pude sacar dinero. Me sentí como habiéndome ganado la lotería. Llevaba cerca de dos horas caminando y pensando que hacer y por fin pude sacar algo de dinero. El tema no era de fondos, ni de horario (no se puede sacar dinero con tarjetas extranjeras en domingo ni después de las 6pm), nada más no quería darme dinero y ya. Cuando tenía mis 500 yenes en las manos me cambió la vida. Ahora tenía dinero "de sobra", así que compré el último regalo que necesitaba y busqué un buen lugar para comer: sí, Ramen con cerdo otra vez, pero esta vez pude pedir cerveza y refill de Ramen, como magnate, pues.

Después de eso empezó mi regreso hacia el hotel para hacer maleta, dormir un rato, hacer check-out como a las 4am por que tenía que estar en el aeropuerto a las 6 para subir al avión y emprender el camino a casa.
Todo lo bueno acaba y este viaje ahí terminaba para mi.

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Ya de regreso, y con el afán de hacer algunas conclusiones escribo aquí algunos detalles para algunas referencias.

- Los japoneses son súmamente ordenados, creo que de todo fue lo que más me llamó la atención. Tienen incluso "estacionamiento" de paraguas en los edificios, incluyendo espacios para visitas WTF.
- Hay Japón para todos los presupuestos, no es tan inalcanzable como solía creer. Creo que en plan austero pero cómodo, se puede sobrevivir con 40 dólares diarios para transporte, comidas y entradas a templos/museos etc. Los gastos de hotel son aparte y ahí sí hay para todos los gustos.
- La comida es buena y la oferta va muuuuucho más allá de sushi y arroz. Yo comí mucho ramen con cerdo o arroz con res por elección, pero a oferta gastronómica es muy variada. Casi en todos los lugares se puede comer por 800-1,100 yenes por persona, hay mucho más caro, pero difícilmente hay más barato. Con eso te dan un plato que equivale a una comida completa y te regalan agua o té.
- Los taxis no son impagables. Las leyendas de "me subí a un taxi y me costó un riñón" son eso, leyendas. Ojo, un taxi de Tokio al aeropuerto cuesta como 300dls, pero evidentemente hay otras opciones.
- La gente es amable. Mucho. Aunque no hablan buen inglés (digamos que EPN la libra con su inglés ahí), todos hacen un gran esfuerzo por ayudarte y entenderte. Aprecian mucho al turista.
- Pensé que los sakuras era algo sobrevaloradísimo. No lo son. Es un espectáculo incluso para los que generalmente no nos interesan esos temas. Hoy día, pienso que si volviera a Japón sería en época de cerzos otra vez. Vale mucho la pena.
- Me quedé con ganas de los Go-Karts en Tokio, será la siguiente vez con licencia internacional.
- Los electrónicos no son abismalmente más baratos que comprar algo en Estados Unidos, te ahorras el impuesto y la importación, pero no mucho más. Por el tema de garantías y así, quizás valga la pena comprar en Amazon, por ejemplo.
- A pesar de estar todo en otro idioma, moverse es bastante fácil. Google está perfectamente sincronizado con los trenes y metro, no hay pierde teniendo internet.
- Hiroshima fue mi lugar favorito, creo que Osaka me quedó a deber un poco, tenía más expectativas. Volvería a los dos.
- Kyoto es un gran lugar, quizás le hubiera dedicado uno o dos días más.
- Yokohama es una extensión de Tokio, no hay gran cantidad de atracciones, sin embargo, me funcionó perfectamente para lo que tenía planeado; descansar un par de días antes de hacer mi proyecto de 24 horas.
- Sí, volvería a hacer 24 horas de fotos en otra ciudad sin conocerla sin mayor problema.

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